Roberto García Álvarez, natural de Oviedo (Asturias), es el autor de la más completa biografía del Maestro de Providence, H.P. Lovecraft en castellano, recientemente publicada por GasMask Editores, El Caminante De Providence. Como bien se indica en la portada su libro, es licenciado en Derecho y Psicología; ha escrito varios ensayos sobre temas tan interesantes como el nazismo o la masonería, así como numerosos artículos en periódicos y revistas. En cualquier caso, en esta entrevista, nos centraremos en su relación profunda y directa con H.P. Lovecraft y el horror cósmico.

Buenas tardes Roberto, y muchas gracias por concedernos esta entrevista. Lo primero que se me ocurre preguntarte es, ¿cuál fue tu primer contacto con Lovecraft o su obra?

No deja de ser curioso que siempre me guste empezar mis intervenciones sobre Lovecraft contando la misma historia. Tendría en torno a 15 o 16, más bien 16 años, cuando un amigo mío – que muchos tal vez conozcan, el autor de la Psychobase (Dolmen Ed.)– se presentó en mi casa con un juego de PC llamado The Shadow of the Comet, donde el protagonista tenía que buscar el Necronomicón y parar a unos bichos con tentáculos que se llamaban Dagon, Cthulhu y nombres por el estilo y que en sus planes estaban asistidos desde hacía generaciones por los vecinos de Innsmouth, un pequeño pueblo costero lleno de historias y pasadizos secretos. Sin saber más del tema nos pareció que el juego tenía un calado dramático muy superior al de otros con los que quemábamos aquellos viejos procesadores 386. Con el tiempo, localizamos otro juego en el mismo sentido Prisioner of Ice y volvió a repetirse la experiencia, aunque este tenía un argumento más complejo de alcance más mundial; al tiempo íbamos viendo que aquellos nombres Necronomicón, Cthulhu, Nyarlathotep… aparecían en muchos otros lugares: juegos, películas, libros… pero no sabíamos nada de ellos. Una navidad, creo que estaba yo en 1º de error, perdón de Derecho, mi amigo llegó a casa emocionado; su abuela le había comprado un Necronomicón, un volumen rosa firmado por un tal Simon y editado en España por la entonces molona EDAF. Allí había un montón de hechizos, dioses, dibujos cabalísticos… y al final un resumen de textos de un tal H.P. Lovecraft. ¡Por fin sabíamos de donde había salido todo aquello! A partir de ahí todo fue ir consiguiendo sus relatos. Primero un conocido me dejó The Dunwich Horror y luego conseguí la edición verde de Los Mitos de Cthulhu de Alianza Editorial y, a partir de ahí, todo cambió… sé que entonces tenía 19 años.

¿Qué sensaciones tuviste al leer sus relatos por primera vez?

No lo sabría decir muy bien; fue una sensación extraña, pero en esencia fue un “quiero más”. El primer relato que leí fue The Dunwich Horror y el siguiente que recuerdo por aquella época con fuerza es The Shadow out of Time. La impresión que me dejó fue la de que estaba ante alguien que tenía una obra relativamente inconexa pero que formaba un corpus tremendamente unitario, y que esa unidad surgía de hacer referencia a una especie de substrato común que estaba por debajo de todos los acontecimientos y personajes; y donde además los personajes y los acontecimientos no son lo que uno se espera. Al tiempo conseguía algo que ningún otro autor había conseguido producir; una especie de desazón ante la realidad del universo, una realidad que desconocíamos por completo y que aunque conociésemos no nos serviría para nada. La única realidad es que sólo existe el tiempo y para él todo y todos carecemos de importancia.

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Está claro, o al menos se intuye, que Lovecraft y su obra debieron impactarte bastante, ya que posteriormente escribirías dos libros dedicados al Maestro: la presente biografía y tu enciclopedia completa sobre su obra. ¿Qué aspectos llamarón más tu atención de los cuentos de Lovecraft en aquellos momentos?

En efecto, aquellas primeras obras me impactaron mucho. A medida que iba leyendo sus obras más punteras iba dándome cuenta de que era posible crear una gran obra literaria y una obra profunda al margen de los estándares. También que en la llamada literatura más ‘naif’´ podía haber grandes ideas, conceptos enormes y mucha, mucha originalidad. Con el paso de los años, uno se da cuenta de que principalmente es en esa literatura donde más ideas novedosas puede encontrar frente a la literatura de alto nivel que, en su mayor parte, por imperativos editoriales y también por deriva de los propios autores es un tanto repetitiva. ¿Qué autor traicionaría, como trató de hacer Lovecraft, la obra de toda su vida sólo por mejorar? Muy pocos lo harían, temo incluso que muchos lo tengan prohibido por contrato editorial.

Más que el panteón de dioses, que suele ser lo que más llama la atención a los ‘más visuales’, lo que más me atrajo fue su idea de comunidades aisladas, endogámicas; cultos ancestrales, secretos de familia, pueblos unidos por horribles cultos… Me pareció muy interesante porque en sí no era más que, y perdónenme los puristas, una suerte de costumbrismo elevado a altas cotas de terror. En ese sentido la obra de Lovecraft nació con una vocación de universalidad desde lo más pequeño, a diferencia de otros autores de su época que lograban, o pretendían lograr, eso mismo acudiendo a grandes conceptos. ¿Qué es más universal que un pequeño pueblo solitario donde sus habitantes comparten un secreto centenario (eso es pequeño) o la idea de una nave espacial que nos invade desde Marte (eso es grande)?

Si alguien que no conociera a Lovecraft y su obra te preguntase cómo definirías el horror cósmico o la ficción literaria de Lovecraft, ¿con qué palabras lo resumirías?

Sin duda, el horror cósmico puede definirse como aquel tipo de horror que se produce al dejar al sujeto arrojado al mundo sin esperanza ninguna. No se trata de tener miedo a la muerte, al dolor, a que un tarado con una máscara te persiga o a que un espíritu te haga tal o cual trastada, sino a la idea de verse a sí mismo, a su propia existencia, contrapuesto a un universo enorme, dantesco e indiferente. Es el terror que se produce en uno cuando sabe que está sólo frente al universo y que no importa nada de lo que haga o lo que piense. El universo es indiferente, puedes ser un perfecto don nadie o un Alejandro Magno, pero al universo le da igual; el tiempo barrerá la obra de uno y de otro, todo acabará cubierto de polvo y aún ese polvo acabará cubierto de más polvo y consumido.

De eso se trata, de conseguir justo lo contrario de la plenitud oceánica que buscan los budistas y los zen y todos esos iluminados. Tanto los cósmicos como éstos buscan esa compresión de la grandeza, pero mientras que para los primeros esa comprensión implica el horror de no significar nada, para los segundos esa comprensión implica la fusión y la tranquilidad. Dejándonos llevar podríamos decir que el horror cósmico es un anti-zen; aunque curiosamente Lovecraft siempre dijo que esa comprensión del universo le había aportado una total paz existencial.

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¿Qué obras de Lovecraft son tus preferidas o son las que más te han impactado?

Pues es una pregunta de las que más odio, porque no hay así ninguna; es como «’¿A quién quieres más, a mamá o a papá?’ ‘pues al gato oiga’». Recuerdo fragmentos sueltos, imágenes aisladas de varios relatos que me marcaron mucho. Así señalaría The Shadow out of Time donde me llamó mucho la atención la imagen de aquellas antiguas rejillas bajo las torres de basalto abiertas, entregando nuestro mundo a las criaturas que llevaban millones de años allí ocultas. De Dunwich Horror recuerdo la imagen de las chotacabras, y también la idea de una comunidad aislada y endogámica, las granjas y los círculos de piedra. De The Last Test recuerdo la idea una ciudad enorme totalmente aislada y sometida a una enfermedad que no es de este mundo (¿no es esa una imagen que hoy en día se utiliza hasta el cansancio en todo el movimiento Z?); o por ejemplo en The Mount la imagen de ese mundo azul subterráneo poblado de pueblos abandonados y atravesado por caminos serpenteantes. Otra imagen que también me llamó mucho por su sencillez y su potencia fue en Whisperer in the Darkness cuando describe el mundo oscuro de los Mi-Go y habla de torres negras sin ventanas y ciudades atravesadas por ríos secos cruzados por puentes. Realmente me encantan esas imágenes por el impacto que producen y la sencillez que encierran.

Si tuviera que decir un título tal vez The Mount por esa perfecta unión de pasado, presente y futuro; y tal vez un poco porque Lovecraft haya puesto a un asturiano como protagonista.

En el año 2012, como adelantábamos antes, publicas con Editorial Sapere Aude tu enciclopedia completa sobre H.P. Lovecraft. ¿Cómo surge este primer proyecto relacionado con el Maestro?

A veces, hablando con gente que leía a Lovecraft, nos dábamos cuenta de que con el tiempo como todos los relatos son relativamente parecidos entre sí y la técnica de Lovecraft implica que los personajes no tienen características diferenciales (salvo en los cuentos de bajo nivel), es fácil acabar confundiéndolos. Al margen de un volumen publicado por D. Harms y consagrado al mundo del rol no había en castellano ninguna enciclopedia. Creí que un texto así, ya existían varios en inglés, podría ser una herramienta útil tanto para los fans de Lovecraft como para aquellos que usaban el material lovecraftiano para su propia creación (estudiosos, escritores, dibujantes…) y de paso también era una buena excusa para volver a introducirme en la obra de Lovecraft de una manera más profunda que una simple lectura.

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En tu enciclopedia recoges estrictamente, y así lo indicas, términos, nombres y lugares relacionados o aparecidos en la obra de Lovecraft, y no de los desarrollos posteriores del horror cósmico realizados por Derleth y otros autores. En la biografía de Lovecraft, se denota un cierto aire de desencanto por tu parte sobre las aportaciones de Derleth al horror cósmico e incluso en el tratamiento autoritario de la herencia de Lovecraft ejercido por el propio Derleth. ¿Sólo te interesa la obra de Lovecraft por motivos artísticos, o realmente como pensamos muchos, opinas que Derleth hizo un flaco favor al horror cósmico creando su panteón lovecraftiano y demás aportaciones, que otros autores han continuado, olvidando la esencia del horror creado por Lovecraft?

Más que nada era una cuestión operativa. Se trataba de centrarse en Lovecraft ya que no había nada así, para algo más amplio ya estaba el texto de Harms. La extensión de la obra de Lovecraft por sus continuadores no carece de interés, todo lo contrario; sin embargo, decidí mantenerme fiel al texto del maestro ya que era el que más me atraía y el que más me interesaba. Nunca deseché de paso ampliar aquel texto a las obras del Círculo o incluso escribir algo sobre éste.

Respecto a Derleth, como se señala varias veces en la biografía, es difícil formarse una opinión. Es cierto que realizó un flaco favor a la originalidad y a la esencia de Lovecraft al simplificar su panteón y sus creaciones en una dicotomía bien-mal cuando Lovecraft realmente nunca utilizó esos términos, de hecho lo cósmico no puede ser catalogado en esas estrechas coordenadas de filosofía humana. Sin embargo, como señalan todos los estudiosos ¿cuándo se ha encontrado a un buen escritor, porque Derleth escribía muy muy bien, mucho mejor que Lovecraft, que sacrificase su carrera y su nombre para dar a conocer la obra de un amigo al que ni siquiera conoció en persona? No me suena de ninguna otra figura así. Derleth arriesgó su carrera, su nombre y hasta su dinero a favor de la obra de Lovecraft, una apuesta que todos daban por perdida, y no ganó demasiado dinero con ello, y sin embargo ahí está. Derleth es un personaje por derecho propio, tal vez algún día merezca que alguien se adentre en su vida y conozcamos realmente cómo era este gran hombre con sus miserias y también con sus grandezas.

No me parece justo elevar a Derleth a la categoría de santo pero tampoco hay que hacer sangre con él; se corre el riesgo en este supuesto de repetir la historia de las biografías de Lovecraft que hacían sangre allí donde no había motivo.

La malinterpretación de la obra de Lovecraft (Derleth no fue el único que entendió correcto el volverla maniquea) puede que lo hiciese porque él realmente la entendió así, porque fuese más fácil de vender o por ambas. Para entender cualquier fenómeno hay que mirar siempre al momento y al lugar en que ocurre; Lovecraft escribió en los años 20 y 30 y esos eran años muy especiales, de gran expansión. Derleth comenzó a publicitar su obra en los 40 y 50 y esos años eran muy diferentes, la IIª Guerra Mundial lo había cambiado todo y el mundo no estaba para cosmicidades; el planeta entero había contemplado el mal total en Europa, ¿cómo venir a venderle que mal y bien no importaban?

Llegamos al mes de Mayo de 2016, momento en que se publica tu segunda obra dedicada al Maestro, El Caminante De Providence. ¿Cómo surge este proyecto y cómo te planteas llevar a cabo la encomiable y extensa labor que has realizado con este ensayo de incalculable valor literario?

Años antes de escribir la Enciclopedia ya me había planteado escribir una biografía de Lovecraft que fuese algo más moderna que la de Sprague de Camp; de hecho, en 2006 había escrito ya un pequeño esbozo (ahora me daría vergüenza mostrarlo) de unas 70 páginas. Abandoné el proyecto para embarcarme en otras cosas. Hace unos años me tocó dar una charla sobre Lovecraft en el Club de Prensa de Gijón y quien presentó el acto dijo algo así como ‘que aún no ha escrito una biografía de Lovecraft, pero estoy segura de que lo hará’… y sencillamente me dije ‘¿por qué no?’ y me puse a ello. Primero empecé trabajando con el material en castellano; lamento decir que el primer borrador casi enteramente influido por De Camp equivalió a perder un año de trabajo. Después de comenzar con los materiales ingleses, la cosa tomo otro color, e incluso Lovecraft pareció alguien nuevo. Realmente, salvo la parte de revisar y pulir, la pasé muy bien escribiéndolo. Al final más que escribir una biografía de Lovecraft casi fue un viaje para descubrir al verdadero Lovecraft que por un motivo u otro no es muy conocido en España.

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¿Enviaste tu manuscrito a más editoriales al margen de GasMask editores? ¿Por qué la elección de GasMask Editores, una pequeña editorial de Málaga?

Cuando uno no es nadie en el mundo editorial –un ‘escritorzuelo intrascendente’ que diría Lovecraft– no hay más remedio que enviar textos en plan buzoneo. Yo le había echado el ojo a GasMask por Facebook, me dieron la sensación de que eran una editorial nueva y que apostaban por cosas diferentes, cosas originales y con calidad. Cuanto más grande es una editorial mayor es su catálogo, sí; pero más tienden sus libros a parecerse entre ellos. A GasMask fue de los primeros a los que envié la propuesta y un pequeño fragmento. No tardaron más que horas en pedirme el texto completo porque les parecía interesante. En cosa de una semana se habían animado y nos pusimos a trabajar en el proyecto. Nunca había trabajado en una editorial que pusiese tanto mimo en sacar un buen producto. Cuidaron hasta el último de los detalles del libro, llegando incluso a conseguir que fotos que tienen 80 años tengan una resolución como si hubiesen sido hechas ayer.

La enorme cantidad de datos que proporcionas al lector sobre lugares, obras de todo tipo, nombres de amigos o familiares, dan a entender la enorme labor de recogida de datos y organización de esos datos que has tenido que llevar a cabo. ¿Ha sido fácil esa recogida de datos? ¿Cuánto tiempo has tenido que dedicar a estas tareas?

Es muy complicado, especialmente cuando ese alguien que estás investigando tiene una red de amigos tan tupida y encima son relativamente anónimos; en ese caso tus conocimientos no sirven, hay que introducirse en ese mundo y no salir de ahí. Todavía hoy cuando releo el texto me digo “uy, pero si aquí falta…” y luego me doy cuenta de que no es así, que eso ocurrió más adelante. Mis otros libros también son históricos, bueno uno es biográfico así que ahí tiras de memoria y punto, el otro es sobre nazismo, ahí siempre te puedes orientar sobre lo que sabes que pasó tal año o quién fue tal personaje y qué hizo. Con Lovecraft, como todos eran anónimos, era mucho más difícil; de hecho, tuve que recurrir a pliegos DIN-A3 para trazar esquemas o incluso recurrir a las pizarras de donde trabajo para poder trazar árboles o cronogramas. Realmente, yo no separo escribir de ir acumulando material, ya que soy de los que pienso que luego se te olvidan las ideas, así que iba escribiendo al tiempo que leía e investigaba. Los tres años que duró la escritura del libro fueron también tres años de investigación. Recoger los datos fue fácil, organizarlos y usarlos fue más difícil porque supuso una nueva disciplina para mí.

Además de darnos una visión diferente sobre la persona de Lovecraft, muy alejada de los tópicos extendidos por intereses desconocidos y por la temática de sus cuentos, realizas en esta biografía una defensa del Maestro sobre ciertos temas (racismo, soledad etc.) con hechos concretos y con todo respeto ¿Por qué crees que ciertos biógrafos han dado esta mala imagen de Lovecraft? ¿Qué interés podían tener en ello?

Como se puede leer en todo el libro, nadie hablaba mal de Lovecraft al principio. Todos se refieren a él como una buena persona y además un hombre cercano, sensible, amable, genial y con mucho sentido del humor. Tras su muerte, los textos en honor suyo eran totalmente laudatorios. Sin embargo, a partir de que una serie de autores comienzan a tomar por persona lo que era personaje las cosas se tuercen y otros muchos van por esa senda sencillamente porque es más fácil copiar que investigar. No es que Lovecraft tenga que caer bien por decreto pero por el mismo motivo tampoco ha de caer mal. Es cierto que Lovecraft era solitario, pero no más que ningún otro autor que viviese en una ciudad de provincias alejado de una comunidad de autores; cuando estuvo en New York rodeado de escritores era todo lo contrario de la soledad. ¿Racista? Lovecraft era racista, nadie lo duda, es cierto que atemperó mucho su racismo con los años, pero es que su época era una época racista. Hay que colocar las cosas en su lugar y su tiempo, no hay que juzgarle con nuestros criterios temporales… porque si nos ponemos así… Lovecraft al final abandonó el racismo salvo en el caso de “los negros y los aborígenes” ¿Es más racista decir como Lovecraft que los aborígenes son por definición menos inteligentes que decir, como sistemáticamente se puede leer por ahí, que son por definición más inteligentes que los blancos? El racismo es algo muy sutil. Al final se trata de decir que Lovecraft era raro, pero no más que cualquier otro autor o, incluso no más que cualquier otra persona. De hecho, su rareza casi se concentra en su larga adolescencia y cuando uno es adolescente por raro que sea, siempre prima más el ser adolescente (¿quién no mira hoy sus fotos a los 16 o 17 años y dice ‘ese no soy yo’?).

Lovecraft se esforzó mucho por mostrarse al mundo como un personaje peculiar, angustiado, amargado, desesperado … -luego esa pose no le duraba nada cara a cara o incluso por carta-; muchas de sus arengas racistas él mismo reconoce que no eran más que intentos de polemizar, su conservadurismo era más para sí que para los demás e incluso su puritanismo se lo guardaba para su propia vida; apenas censuraba a los demás, sus aventuras sexuales o cualquier otra cosa… sin embargo, hay autores que han decidido aferrarse a esa pose lovecraftiana y tomarla por real.

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Concretamente, citas a Sprague De Camp en muchas ocasiones como el más despiadado y cruel de todos esos autores. ¿Qué podía tener este biógrafo en contra de Lovecraft para ensuciar su imagen de esa manera?

Sprague es uno de esos extraños casos en que parece haber escrito una biografía más para poner verde al personaje que para contar su historia. Sin embargo, cuando uno lee con atención su texto se da cuenta de que hay animadversión hacia Lovecraft pero que De Camp debía ser una persona ciertamente avinagrada ya que no faltan las perlas hacia otros autores o hacia personas que no piensan como él. En ese sentido, De Camp cometió un error básico: confundir que una persona no tenga tus ideas y que esa persona esté en contra de ti. En ese sentido, en cuanto es posible que Lovecraft y De Camp no casasen en cuanto a gustos literarios, filosofía o ideología no los convierte en enemigos; eso es algo que De Camp no supo ver o, tal vez, no quiso ya que hacer de Lovecraft un “monstruo”, un freak tiene mucho más tirón editorial que hacer lo contrario. Para mí que De Camp no se creía la mitad de lo que escribió pero lo hizo por crear (o seguir con) el personaje; en ese sentido pienso que a De Camp le pasó lo mismo que a Freud cuando sus seguidores le decían que cierto antropólogo había demostrado que sus ideas eran falsas y éste respondió “ya lo sé, pero me conviene seguir como si fuesen verdaderas”.

De Camp es el más famoso de los biógrafos y el único en español, así que le toca cargar con la cruz de ser el más cruel (justo pago por su perversidad para con Lovecraft), pero pequeños prólogos o introducciones a la obra de Lovecraft que se pueden encontrar en las muchas ediciones de sus relatos dejan a De Camp como un palmero; hay gente a la que sólo le falta decir que Lovecraft era retrasado y apaleaba negras embarazadas con un bate.

Algo que siempre me ha llamado la atención, no solo en el caso de Lovecraft, sino también en Poe y otros genios de la literatura, es el hecho de que a pesar de lo impresionante de sus obras, no triunfaron en su época y, de hecho, Lovecraft murió sintiéndose un fracasado literariamente hablando. Es increíble que para mí, su mejor obra, En Las Montañas De La Locura, fuera reiteradamente rechazada por los editores. ¿Por qué crees que sucede esto? ¿Es culpa de las editoriales o también los autores tienen parte de culpa de algún modo?

Por supuesto, el mercado manda y es evidente que las editoriales, al menos las grandes, no se van a arriesgar a promocionar textos que, de antemano, se sepa que no tienen salida; aunque también usan técnicas muy específicas para fomentar el interés en textos que, por definición, no lo tienen. Cada vez que paso por los expositores de una librería o un centro comercial no puedo evitar hacerme preguntas del tipo ‘¿de verdad a alguien le interesa la vida de una moza que viaja en tren?’. En el caso de Lovecraft salta a la vista que él mismo hizo más que nadie por no ser publicado. En parte su pose de caballero dieciochesco le impelía a no querer saber nada que tuviese que ver con el éxito mercantil o con agradar al púbico, aunque es curioso que alguien que ‘escribía para sí’ enviase sus textos a publicar y se disgustase cuando se los rechazaban.

Lo curioso es que cuando sus textos se publicaban tenían una relativa buena acogida por un sector del público, otro sector decía que aquello era infumable y no tenía sentido. Imagina el público ‘pulp’, la mayoría buscaban naves espaciales, disparos, peleas, héroes algo cachas y rubias mulliditas con poca ropa. Y vas y a ese público le cuelas The Call of Cthulhu. Una de las causas está ahí.

Otra es que para que la obra de alguien se asiente en un éxito continuado se requiere tiempo y en ocasiones ese tiempo llega a consumir la vida del autor, especialmente si ese autor ha publicado en medios muy pequeños. En marketing se habla de las demandas de cola larga que son las sostenidas en el tiempo, pequeñas demandas de un producto que se mantienen a lo largo de muchos años frente a demandas de cola densa que son demandas brutales en muy poco tiempo pero que después desaparecen. Las obras de calidad, como las de Lovecraft, son de cola larga, su obra se sigue buscando y publicando setenta años después de su muerte; sin embargo, las ventas intensas del momento, los booms de los best-sellers duran apenas un par de años… ¿quién se acuerda ahora del gran bombazo editorial de 2010, 2001 o 1996? Y ya no es que nadie se acuerde, es que a nadie le interesa. Por desgracia, y por lógica, las editoriales, sobre todo las grandes, tienen que pagar sus facturas y apuestan cada vez más por colas densas.

Sin duda, otro de los puntos admirables de Lovecraft, es su extensa correspondencia de la que, como indicas, nada o casi nada hay editado en castellano ¿Crees que sería interesante publicar estos documentos tal como se está haciendo en Estados Unidos?

El uso de cartas, al igual que el uso de diarios, es fundamental para comprender a alguien como persona. Su obra puede dar pistas y sus ensayos también, pero es en sus cartas donde él expresaba su verdadero sentir y donde, además, podemos rastrearle día a día. Pocos personajes ha habido en la historia que hayan registrado su día a día con tanta meticulosidad y precisión como H.P.

Es un material fundamental para poder conocerle y además en muchos casos también es una auténtica gozada como material de lectura; sólo hay que darse cuenta de que por cada relato Lovecraft escribió unas 142 cartas.

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Además de sus obras narrativas de incalculable valor, existe una enorme cantidad de poemas y ensayos no publicados en castellano sobre diversos temas ¿crees interesante su publicación en idioma castellano?

Es justamente su labor como poeta y como ensayista lo que más me atrajo cuando empecé este trabajo. En realidad a mí la poesía no me gusta nada, pero el ensayo me parece muy interesante. Descubrir que Lovecraft era antes que nada un poeta y un ensayista (su obra en estos campos duplica y triplica a sus textos narrativos) fue fascinante. Como ensayista se inició desde joven, hablando de todo y hablando con soltura de ciencia, política, economía, filosofía… En sus ensayos encontramos su capacidad para hacer humor, donde utilizaba motes muy ocurrentes contra sus enemigos o argumentos muy elaborados para hacerlos caer en sus trampas dialécticas. Además en sus ensayos podemos ver su evolución ideológica, política… es decir su evolución como persona.

Sin esos textos es muy complejo tratar de entender a Lovecraft e incluso su producción como narrador se ve completada por su poesía y su ensayística. En ocasiones lo que primero era una poesía acababa siendo luego un relato de horror.

A lo largo de la biografía se denota un especial cariño de tu parte hacía la figura de Lovecraft y su obra. Este detalle también se aprecia, en menor medida, en tu primera obra sobre el Maestro. De hecho, en muchas ocasiones durante la misma te refieres a él como Maestro ¿Por qué es tan especial Lovecraft para ti?

Cuando escribí la enciclopedia, en su primera versión, no había accedido a todas las fuentes que ahora manejo. De hecho, no era necesario ya que el objetivo era el texto lovecraftiano en sí mismo, y de ahí que en aquella hubiese tal vez un poco más de personaje que de persona. A Lovecraft le cogí cariño, como persona, durante la confección del texto de tal forma que al llegar al final, cuando se muere, pues me entristecí aunque ya se sabía que moriría, cuando moriría y de qué moriría; pero tras tantos meses de trabajar sobre él acabó convirtiéndose en alguien cercano, alguien con quien convivías como con cualquier persona de tu entorno. Cuando escribí (spoiler) que aquella madrugada de 1937 Lovecraft falleció en su cama del hospital y sentí una pequeña congoja, supe que el texto que había escrito era honesto y eso es importante. Pensé en las muchas veces que algún libro o alguna serie o incluso una película centrada en alguien, me entristece cuando llega al final y el personaje muere o aparecen los típicos cartelitos de lo que fue de su vida y la de cuantos salieron ahí; si la creación es honesta se me forma una especie de nudo en la garganta, mientras que en otras ocasiones tras el final lo único que dices es ‘a otra cosa mariposa’. A riesgo de ser hortera, podría decirse que Lovecraft y yo llegamos a ser amigos durante los años en que escribí el texto.

Lovecraft es especial para mí porque, además de que estéticamente sus cuentos me fascinan, su visión del mundo coincide en cierta parte con la mía (aunque yo soy mucho más progresista que él, en el sentido de que yo sí creo que la tecnología es la solución). Por otro lado, es mi autor de adolescencia, y todos recordamos con cariño las cosas de esa época, que casi siempre asociamos a experiencias intensas. Y además, Lovecraft tiene algo especial, ¿cuántas cosas de la adolescencia, películas, libros… recordamos con cariño y cuando nos volvemos a poner ante ellas decimos ‘mi madre, que malo’? Sin embargo, con Lovecraft no pasa eso, se puede disfrutar con 16 años, es una buena lectura para entonces, con 26 lo ves de otra forma, con otros matices, y con 30 te parece una visión madura del mundo que va encajando con lo que vas comprendiendo de la vida. Supongo que más adelante las cosas serán igual.

En la parte final de la biografía, haces una pequeña mención a las influencias lovecraftianas sobre el arte posterior a su muerte. En la mayoría de ellas se percibe que para ti, ni en el cine ni en otras artes, se ha estado a la altura de las creaciones de Lovecraft. ¿Crees que esto es debido al carácter mercantilista de estos acercamientos o simplemente porque nadie o casi nadie ha sido capaz de concebir las cosas como Lovecraft lo hizo?

Ni lo uno ni lo otro y, al tiempo, un poco de todo. El propio Lovecraft enfrentado a la idea de ver su obra adaptada a la radio decía que ‘no funcionaría’ y cuando le hablaban de cine ni se lo planteaba. ‘Mi horror es sobre todo atmósfera’ decía, y eso es muy difícil de plasmar. En el libro digo que la película más lovecraftiana es Mouth of Madness que precisamente no adapta nada pero sí encierra su atmósfera. Por otro lado la cosmicidad, esa sensación de vacío frente al universo es tan subjetiva para cada uno que… ¿cómo lo plasmas? Yo siempre digo que la cosmicidad está condensada en películas como 2001, ¿cómo metes ahí un pulpo gigante? En el fondo el horror de Lovecraft es un horror existencial en el sentido más filosófico de la palabra… ¿Qué hacer? ¿Resucitar a Heidegger y ponerlo a escribir un guión?

Por supuesto se puede hacer cine lovecraftiano, pero nadie lo ha intentado en serio. El grupo de Yuzna y los suyos tiran por lo físico, por el gore y el sexo y sacan cosas geniales pero no es Lovecraft; le falta ambiente, aunque algo hay. El grupo de The H.P. Lovecraft Historial Society están haciendo cortos sobre Lovecraft verdaderamente geniales que con una estética muy parecida al cine alemán de los años 20 consiguen crear atmósfera. Tal vez con las nuevas tecnologías estemos más cerca de ver una buena película de H.P., aunque tendremos que esperar a que la industria del cine se olvide de los superhéroes y aprenda que es el guión quien necesita efectos especiales y no al revés.

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¿Crees que si Lovecraft hubiese tenido otro tipo de pensamiento o filosofía vital, habría existido alguna vez el horror cósmico como lo conocemos?

Sus obras son hijas de su visión del mundo. Por ejemplo, él siempre dijo que no era ni optimista ni pesimista sino indiferentista; para él, los dos primeros estaban equivocados pues pensaban que el hombre y sus asuntos importaban algo en el universo. Un optimista no escribiría, necesariamente, textos tan dramáticos y desesperanzados como los de Lovecraft, al tiempo un pesimista daría a luz textos más propios del romanticismo o de Poe, donde el destino del hombre aciago y triste es todo lo que importa. En las obras de Lovecraft el hombre, la humanidad entera, es sólo la excusa para definir algo más grande y que está más allá de este, por eso digo que los personajes no son los que aparentan serlo. Si has visto la película de La habitación de Fermat al final de la misma hay una escena que es puramente cósmica, cuando el protagonista coge las hojas del teorema del Fermat demostrado y las arroja al agua y ante el pasmo de los demás testigos nada ocurre, el mundo sigue funcionando, al universo le da igual. Esa es la idea de Lovecraft, la ciudad de los primigenios en la Antártida y toda su civilización se fue al garete y el universo siguió, de hecho en la Tierra aparecieron los hombres y mira todo lo que han hecho pues al hombre le ocurrirá lo mismo, cuando su especie caiga otra vendrá, parece que de escarabajos, y el universo no llorará seguirá funcionando como la máquina que es.

¿Tienes pensado realizar en el futuro algún proyecto más relacionado con el Maestro?

Ahora estoy con otro libro totalmente diferente. Pero no descarto, con el tiempo, volver a Lovecraft para escribir algo sobre él más concreto –además de tener siempre actualizada su biografía– por ejemplo el cine de Lovecraft, o el arte lovecraftiano, o incluso un volumen sobre la filosofía de Lovecraft. Puedo adelantarte, en exclusiva, que ya está finalizado otro proyecto sobre el Maestro. En la asociación ARP-SAPC –una asociación de escépticos en la que estoy– vamos a publicar en nuestra revista El Escéptico varios artículos de Lovecraft donde da caña a la astrología y se mete con el astrólogo Hartman haciéndose pasar por otra persona, una muestra del peculiar humor de Lovecraft, es la primera vez que, gracias al trabajo voluntario de los asociados, un texto así va a ser publicado en nuestro idioma.

¿Qué crees que aporta la biografía que acabas de publicar sobre el Maestro?

Al menos, espero que sirva para dar una imagen más positiva, o al menos más real, de Lovecraft, especialmente entre aquellos que la tienen pervertida por otras biografía; y también, si acaso alguien la lee sin haber entrado en contacto con Lovecraft, sienta alguna curiosidad por su textos y se asome a ellos. Y de paso que algún viejo lector vuelva a los textos que leyó previamente.

Me gustaría que a partir de mi texto la imagen que se da de Lovecraft fuese más positiva, más justa y que se abandonasen los tópicos de racista, conservador, solitario, misógino… por una visión mucho más centrada y más real de lo que fue él y de lo que fue su vida.

¿Alguna vez has escrito cuentos de ficción de horror cósmico o de otro tipo? ¿Te gustaría hacerlo en el futuro?

Sí, antes de escribir ensayo lo mío era la ficción. Creo que la primera vez que escribí algo fue con 16 años, un pastiche de extraterrestres e invasiones, no conocía a Lovecraft. Luego de conocerle empecé a escribir a su estilo, muchos relatos y alguna novela corta, mezclas extrañas entre Stephen King (otro de mis favoritos) y Lovecraft. Pero luego no sé… se fue la inspiración, si alguna vez estuvo, y empecé con el ensayo. Aunque nunca he dejado la ficción; de hecho, tengo una especie de guion de un comic y varias historias más que se incardinarían en un ciclo temporal al estilo de Tolkien, pero donde lo que manda y dispone todo es la cosmicidad lovecraftiana: la idea de enormes ciclos de tiempo que hacen surgir y caer razas, alzar y tirar imperios, pero no creo que nunca sepa darle la forma literaria correcta.

Además de Lovecraft, ¿tienes otros autores preferidos o que te gusten dentro del género fantástico o de terror?

Me gustan mucho Stephen King, Clive Barker, por supuesto Poe (aunque tiene sobre mí un efecto devastador), Tolkien, Machen, Bierce (su mala leche es genial), Lytton, Stoker, Shelley, W.W. Jacbos, Ligotti, algunos textos de Koontz, Robert E. Howard, me gusta el gordo de George R.R. Martin, Brossnan, Whitehead…

Por último; si tuvieras que sintetizar la esencia de Lovecraft y su obra en pocas palabras, ¿cómo lo harías?

No se me da muy bien sintetizar, ahí están las 750 páginas de la biografía como prueba, pero diría que la esencia de Lovecraft es justamente ni producir horror ni mucho menos producir terror –dos conceptos que él diferenciaba claramente– sino producir algo mucho más inquietante: desasosiego. El objetivo y la esencia de los buenos cuentos de Lovecraft radica específicamente en producir desazón en el lector, no tanto por lo que va a ver en el texto como por lo que éste va a sugerir en relación a las grandes verdades del universo. En este sentido, casi podríamos decir que leer a Lovecraft es una experiencia no sólo estética sino también filosófica en el sentido de que, prescindiendo del palabrero incomprensible y, a menudo, encubridor de la filosofía, logra transmitir su verdad sobre el universo, la vida y el sentido de la misma. Eso es lo que le hace genial.

Gracias de nuevo Roberto por atender nuestras preguntas. Te deseamos todo el éxito del mundo. Abrazos tentaculares

Kadath

Esta entrevista ha sido realizada por Antonio Reverte Lucena para Terror Y Nada Más y Más Allá De Los Eones.

Foto de Roberto García (Diario La Nueva España, Irma Colín)

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