Terror Y Nada Más Presenta Miedo
Noviembre 29, 2008

Ayer os comunicabamos el fallecimiento de nuestro Podcast Nuestros Horrores Favoritos y los comentarios de condolencia no se han hecho esperar. Sin embargo, os dijimos que de este fallecimiento surgirían nuevas aventuras y nuevos horrores, nuevos terrores que llevaros a vuestros oidos y quizas los más horripilantes y tenebrosos que jamas hayaís vividos porque con Terror Y Nada Más vivir el terror es un hecho. Con esta intención nace nuestro nuevo programa Miedo. Un programa en el que os contaremos historias de terror, historias escalofriantes, historias que nos llevará a mundos no explorados e historias que os haran vivir el miedo como jamas pensasteís. Inaguramos este nuevo programa en Terror Y Nada Más con el relato de terror La Habitación De La Torre. Una historia escalofriante donde nada es lo que parece y donde el terror está a la orden del dia. Entrad en nuestro programa Miedo y si os queda aliento tras el relato comentadnos que os parece el programa y este relato. ¡Estaís preparados para temblar¡…..
Terror Y Nada Más - Miedo Programa I - La Habitación De La Torre [41:44m]: Play Now | Play in Popup | DownloadCiudad Maldita - Programa 17 y Programa 01 de su esperada Tercera Temporada
Junio 18, 2008

Ante la ausencia de noticias en el día de hoy, logicamente no tendremos Cronicas Del Averno pero no os preocupeís porque nos espera un dia de terror inolvidable y aterrador. Comenzaremos por algo seguro muy esperado por todos vosotros, seguidores de esta terrorifica web. Hoy os presentamos una doble sesión del programa de terror chileno de exito Ciudad Maldita. Por un lado os ponemos el programa 17 de su interesante programa. Pero eso no es todo ya que tambien os ponemos para vuestro disfrute y miedo el primer programa de su Tercera Temporada recien comenzada en su país y que ya teneís en Terror y Nada Más. Hoy temblareis como nunca visitantes y esto es solo el principio……
Ciudad Maldita - Programa 17 [29:59m]: Play Now | Play in Popup | Download
Ciudad Maldita - Temporada 3 Programa 1 [23:52m]: Play Now | Play in Popup | DownloadAjustes de Madrugada por Alejandro Cafiero Vera
Junio 11, 2008
Vamos a continuar con un Cuento de Terror de nuestro amigo Alejandro Cafiero Vera titulado Ajustes de Madrugada. Alejandro ya estuvo presente en nuestra web con su magnifico relato Piacere Sanguinio y ahora vuelve con Ajustes de Madrugada un relato de venganza, sangre y muerte a la luz de la luna. Acomodaros para leer Ajustes de Madrugada:
AJUSTES DE MADRUGADA
(Alejandro Cafiero Vera)
El gringo George y su mujer intercambiaban palabras en el espacio verde comprendido entre su casa y la vereda. Habían dejado la puerta abierta a fin de ventilar el inmueble aquella calurosa madrugada de verano. Las calles del barrio estaban desiertas; sólo aquellas dos almas daban vida al solitario paisaje pueblerino.
De repente apareció un desconocido corriendo desesperadamente. Su rostro palidecía y sus ojos desorbitados presagiaban una desgracia. Se detuvo ante la pareja y –sin pérdida de tiempo– manifestó temblando y con voz lastimera:
–¡Me persiguen! ¡Me quieren matar! ¡Me quieren matar! ¡Llamen a la policía! ¡Escóndanme! ¿Puedo pasar? ¿Puedo?
–El gringo, que era quien tomaba las decisiones en casos especiales, le respondió sin pensar mucho:
–Pasá.
Y el hombrecillo siguió su huída en línea recta, atravesando con una velocidad inverosímil la cocina, un pasillo y un dormitorio de la vivienda hasta salir al patio trasero por una pequeña puerta que permanecía abierta.
George se alejó con su mujer hasta cerca de la calle, aislando al extraño por precaución. Temía que fuese un delincuente que pretendiese arrinconarlos dentro de su propia casa y allí, valiéndose de algún arma, obligarlos a hacer vaya a saber que… Sin mas el gringo llamó a la policía desde su teléfono celular y, mientras divisaba el horizonte a la espera de quien perseguía al desdichado, de vez en cuando volvía la cara hacia el fondo de su propiedad, donde, al amparo de un arbusto, permanecía inmóvil el sujeto, escondido como un animal que se entremezcla con la naturaleza buscando pasar desapercibido ante los depredadores.
Apoyando la espalda contra un árbol estaba la mujer del gringo, una mulata centroamericana de piel color chocolate. De ella sólo se divisaban sus dientes y lo blanco de sus ojos a causa del contraste de colores que se daba en aquel lugar pobremente iluminado por la luna.
Corría el tiempo y la escena permanecía intacta. Al rato, para alivio de los dueños de casa, llegó la policía con el aparatoso despliegue que los caracteriza. Al instante apareció el perseguido y se subió a un auto de la fuerza del lado del acompañante. Casi como en un desplazamiento inercial el oficial que manejaba abandonó el vehículo diciendo:
–Pero qué olor que tiene. ¡Guaj! ¡Qué olor!
–Es porque metí el pie en un pozo negro –acusó el hediondo protegido tratando de evitar que todos se dieran cuenta de que se había defecado encima por el horror que había sentido al creer que iba a perder su vida esa madrugada.
Cuando se había alojado en la casa no había tenido ese accidente sino que pasó mientras esperaba en el fondo. Algunos se rieron pero el oficial ordenó con rabia:
–¡Bájese de ahí! ¡Bájese!…
Pero el hombrecillo insistía en quedarse, demostrando aún el temor de que le pasase algo malo. Entonces la policía lo condujo hasta la cúpula abierta de una camioneta que habían llevado y se marcharon transportándolo ahí.
George y la mulata pasaron adentro muertos de risa por el incidente. Se preguntaban si aquel intento de homicidio (o de paliza fuerte) habría existido o si se habría tratado de un delirio del alcohol (o de alguna droga) de este personaje de la noche. Pues, al no haber aparecido ningún agresor es lógico dudar de las declaraciones del sujeto.
George tomaba un vaso de agua en la cocina, de cara a la pared, cuando oyó a su compañera pronunciar un grito agudo y después silencio. Sigiloso tomó un cuchillo que tenía a mano, pero ya era tarde. Ruidos de pasos a su espalda le hicieron erizar el cabello. Se dio vuelta. Allí estaba ella con tres intrusos que parecían escapados de una película de terror sarcástico. Uno de ellos sujetaba a la mulata inmovilizándole los brazos y –a su vez– tirándole el pelo brutalmente. Era un pelirrojo de piel pecosa, color blanco leche y tenía una cicatriz que le recorría el lado izquierdo de la cara de arriba abajo. A su izquierda había un obeso inmenso, barbudo y de pelo largo, que vestía algo andrajoso. El tercero se veía como una persona bastante normal, a no ser por el escobillón verde flúor que tenía en la cabeza y el revólver 38 con que apuntaba al gringo. Sobrepasado George dejó caer el cuchillo al suelo.–¡Así me gusta! –le dijo el facineroso del revólver y le preguntó:
–¿Vos que sos de Fígaro?
–¿Quién es Fígaro? –indagó el gringo con cara de desentendido.
–¡No te hagás el idiota!, el personaje de una ópera…
–¡Ah!, Fígaro… ¿el hombre que se fue recién?
No hubo respuestas pero el colorado sentó a la mujer en una silla y le puso por debajo de los senos una cadena algo gruesa, que antes tenía de adorno en su jean, y comenzó a jalarla con ambas manos desde atrás. La infeliz comenzó a quejarse.
–No sé nada –se excusó apresuradamente el hombre de la casa–, ese tipo llegó pidiendo auxilio, se metió aquí un rato y después se lo llevó la policía…
¡Tras! Sonaron, como cuando se quiebran las tablas de un cajón de madera, las costillas de la morena, que irrumpió en llanto.
–¡Basta! –le dijo el pistolero a su compañero y le dio un empujoncito con el hombro a fin de que aflojara–. Y vos callate –le murmuró en la oreja a la mulata.
Los ojos del gringo se habían vuelto rojos por la tensión y sudaba la gota gorda.
–Sabés que… –comentó el barbudo al gringo, con voz tranquila– Fígaro debe mucha plata. ¡Mucha! Y tiene que pagar hoy. Y como él no está “por tu culpa” vos vas a pagar. ¿Me entendés?
Afirmando con la cabeza y bajo la atenta vigilancia de sus captores, George amontonó todo el dinero que tenía guardado en la casa, más un reloj con detalles en oro y una valiosa pulserita de mujer.
–Trescientos cuarenta y dos mangos y estas porquerías. ¿Vos me estás cargando? –le gritó el punk del escobillón acercándole más el revólver.
–Es todo lo que tengo –balbuceo el gringo con cara de tonto.
En verdad era todo lo que tenía, pues sus ahorros estaban en el banco.
–Sé que hay más, ¡siempre a más! ¿Dónde está? –vociferó el maleante.
–¡No hay más dinero! –insistió en responder el pobre– Llévense los muebles, la TV…
–¿Qué te pensás… qué vinimos en un camión de mudanzas? –musitó con mofa el pillo y giró sobre George pegándole con el revólver en la cabeza cuando lo vio desprevenido, haciéndolo caer de rodillas.
Un chorro de sangre fluyó sobre el gringo, derramándose por el piso, y su mujer volvió a gritar nuevamente.
–¡Callate perra! –dijo el malhechor y le puso el 38 en la garganta.
La mujer, aunque balbuceaba un poco, bajó en gran medida sus decibeles. Es admirable como un arma puede conseguir esto en situaciones críticas.
¡Mirame! –le ordenó ahora al gringo–, si no me decís adonde escondiste la plata la mato.
–Te juro que es todo lo que tengo.
–Mmmm. Mejor no, mejor la vamos a violar si no colaborás –recapacitó.
–¡Yo no! –se autoexcluyó el colorado haciendo una mueca de agradecimiento y tornándose serio después–. No me gustan las negras.
–Ja ja, ja ja ja… –se rió largamente el punk– se nota.
Acto seguido señaló al gringo con un movimiento del arma y agregó sonriendo:
–Entonces se lo harás a él.
El colorado sacó la lengua en forma despectiva y bajó la cabeza. En George surgió la vaga esperanza de que se pelearan entre ellos para así poder escapar del aprieto, pero se desvaneció cuando vio que la situación no pasó a mayores; eran solo bromas de rutina.
Las horas pasaban. Finalmente, en la vivienda se apagaron todas las luces.
A los dos días vecinos encontraron el cuerpo de la mulata con un disparo en la garganta y con signos de haber sido violada; el gringo George estaba ahogado con la cabeza metida en el inodoro, compartiendo el lugar con excrementos; y en la tapa del retrete estaba escrito con sangre: “Fígaro: la vas a pagar”.
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Excelente relato de Alejandro Cafiero y ya sabeís no os fieís de alguien que llega a vuestra casa a altas horas de la noche ya que os puede ocurrir como al Gringo. Gracias a Alejandro Cafiero Vera por su colaboración con nuestra web. Seguimos en Terror y Nada Más….
Duelo en Highville por Luis Bermer
Mayo 22, 2008
Dejando atrás el suceso anterior vamos a lo que nos interesa a todos que es el terror. Vamos a comenzar este Jueves de Terror con un relato de terror de nuestro amigo y colaborador Luis Bermer titulado Duelo en Highville. Este interesante relato está dedicado a Italo Ahumada, un ilustrador amigo y colaborador del propio Luis Bermer. A disfrutar:
DUELO EN HIGHVILLE
Dedicado a Italo Ahumada
Jim observó con alivio la entrada de Highville al final del escarpado camino. Palmeó cariñosamente el cuello de su buen caballo, agotado tras horas de marcha bajo un sol que abrasaba el cielo. Atrás dejaba el serpenteante ascenso hasta la cumbre plana del monte Creek, donde Highville nació como olvidado asentamiento de fugitivos patéticos y desgraciados; y aún más atrás quedaban los días de precaria supervivencia a través del Valle de la Desolación. Pero, al fin, lo había conseguido. Había llegado.
Y juraría que esta vez nadie lo había seguido.
Atravesó el arco de madera reseca que daba la bienvenida a Highville. Conocía bien este lugar, porque el destino ya lo había arrastrado hasta aquí en varias ocasiones, tanto como hombre de ley –en su ya lejana juventud como ahora, proscrito en mil condados. Sus habitantes se autoabastecían con sus cultivos y cabezas de ganado, además de los productos de cuatro comerciantes locos que, muy de vez en cuando, venían cargando mercancías de turbia procedencia. A su derecha, más allá del borde del precipicio y perdiéndose en el horizonte, la vista del Valle de la Desolación le trajo recientes, dolorosos recuerdos. Los carroñeros, famélicos, sobrevolaban aquella inmensidad tortuosa. Tras las desgastadas montañas que bordeaban el valle, el Torbellino Rojo elevaba su monstruosa presencia hasta fundirse con el cielo de tierras distantes.
Los cascos de su caballo resonaron por la calle principal del pueblo. Sólo el ulular del viento abrasador lo acompañaba, levantando olas de polvo fantasmagórico. Se cubrió el rostro bajo el ala de su sombrero, avanzando casi a ciegas. Jim no había visto un alma desde que entrara, algo sumamente extraño incluso para un pueblo pequeño y apartado como Highville. A su izquierda reconoció la fachada del Salón, con sus puertas entornadas. Ningún sonido…ninguna carcajada estruendosa, ni arrastrar de sillas, ni puñetazos de rabia sobre las mesas de juego…ni siquiera aquí. Entonces Jim comprendió que algo extraño tenía que haber ocurrido. ¿Dónde estaban todos? ¿Acaso habían abandonado el pueblo? ¿Por qué? Todas estas preguntas bullían en su cabeza cuando alzó la vista, distinguiendo entre el polvo una figura oscura e inmóvil al final de la calle.
El jinete de negro se fundía con su montura. Parecía un centauro salido del infierno. De su espalda asomaba la culata de un rifle. Sin ver su rostro, Jim se sabía observado; puede que durante largos minutos ya.
No sabía cómo, pero le había vuelto a encontrar. Una vez más.
Jim detuvo su caballo con un suave tirón de las riendas. El animal relinchó, y sonó como un canto de la vida sobre este silencio de polvo y desolación. Desmontó despacio, observando al jinete sin pestañear, y caminó por el centro de la calle. El tintineo de sus espuelas, el rechinar de la tierra suelta bajo sus botas, el tacto de su viejo colt 45…conformaban la triste melodía, tan familiar, que desde siempre lo acompañaba. Tantos años, tantos lugares…mezclados – e indistinguibles ya en la masa informe de su memoria.
Su perseguidor descabalgó, apartándose de su caballo, que se erguía imponente como una estatua de roca oscura. Avanzó con paso firme. No había miedo, ni dudas…sólo determinación en aquella forma de andar. No era impostada; podría reconocerlo a leguas de distancia. “Puede que éstos sean mis últimos momentos –pensó sin querer. Higville será mi tumba”. Y una sonrisa amarga se dibujó en su rostro.
El jinete de negro también se detuvo en mitad de la calle. El sol flotaba en la canícula, a su derecha; no sería una ventaja para ninguno de los dos. Jim distinguió el fugaz destello del metal de las pistolas gemelas en su cintura. Sabía lo que estaba a punto de ocurrir, como si futuro y pasado fuesen las notas repetidas de esta triste melodía, que sonaba y sonaba…
Se observaban con fijeza. El tiempo se había petrificado entre ambos. Las manos oscilaban levemente junto a los muslos, los dedos electrificados…Un segundo, en un segundo la eternidad engulliría a uno de ellos para siempre, dejando un cadáver descomponiéndose como único recuerdo, pasto de los cuervos.
Mi cabeza debe estar muy cara para que me hayas seguido hasta aquí ¿eh, amigo? –gritó Jim con la intención de desconcentrar a su rival. Pero el sarcasmo sonó ridículo incluso a sus oídos. Y se volvió en su contra.
Entonces ocurrió. Como un relámpago que nace en el seno de la tormenta, Jim captó un movimiento fugaz que desencadenó automáticamente lo inevitable. El tiempo volvió a distorsionarse mientras la mente se ausentaba para dejar su lugar al instinto, a los reflejos aguzados por la experiencia de años luchando contra la muerte.
Sus manos volaron vertiginosas. Un estampido ensordecedor rompió el silencio, seguido por otro igualmente bronco que pareció responderle con idéntica violencia. Jim vio el humo blanco, olió la pólvora quemada, escuchó un zumbido gris sobre el eco retumbante en sus oídos, un crujido sordo…sintió algo en su cabeza…
La calle pareció contraerse sobre sí, como un túnel abierto por arriba, y escuchó una nueva explosión, expandiéndose a su través. Una onda que anunciaba muerte.
La realidad se tornó confusa. Durante un instante, el tiempo se detuvo. Jim vio al jinete de negro retorcerse, justo antes de caer desplomado de espaldas.
Los límites y contornos de la calle volvieron a asentarse en la realidad cotidiana. Su sombrero, atravesado por la bala, había volado unos metros. Con la mano aún temblorosa, se acercó hasta su rival inerte. No pudo evitar que un estremecimiento le recorriera el cuerpo al contemplar la cara de su enemigo, quien había estado a punto de poner fin a sus días.
Era una calavera amarillenta, que parecía burlarse de Jim con su sonrisa desdentada. Le faltaba un trozo de cráneo, allí donde el disparo había impactado.
Con un gesto nervioso y ayudando al percutor con su mano izquierda, Jim descargó su colt en una estruendosa ráfaga sobre el cuerpo muerto, hasta que el tambor giró vacío. Al fin, su último encuentro.
Jim cabalgó de nuevo. Sabía que le exigía a su fiel montura un esfuerzo extraordinario; pero ya habría tiempo para descansar, lejos del pueblo maldito de Highville, donde no volvería jamás…
Transcurrieron horas desde la partida de Jim, y la noche pronto engulliría estas calles desiertas de vida. El jinete de negro comenzó a ponerse en pie despacio, sacudiéndose el polvo que casi le había cubierto por completo. El hueso destruido por los disparos seguía regenerándose sin pausa, segundo a segundo; pronto su rostro cadavérico estaría intacto otra vez. Se ajustó bien el sombrero, casi hasta las cuencas, y se dirigió hacia su caballo, que apenas se había apartado de su lado mientras yacía en una quietud absoluta.
Si alguien hubiese estado allí mirando, habría visto la negra silueta de centauro recortándose contra las llamas apagadas del crepúsculo, avanzando lentamente por la calle. A pesar del viento y las horas, las huellas de la precipitada huida de Jim aún eran visibles; no importaba la distancia que hubiera podido recorrer…constituían una guía infalible.
Le concedería la absurda ventaja del tiempo.
Después de todo, pronto sería también un jinete de las sombras.
Y excelente, por cierto.
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Relato significativo y destacado de este escritor. Gracias a Luis Bermer por su colaboración con nuestra web. Seguimos en Terror y Nada Más….
Alone In The Dark Near Death Investigation en Canal Videojuegos en Terror y Nada Más TV
Mayo 6, 2008

Para los amantes de los videojuegos no les resultará desconocida esta saga de la que os vamos a hablar hoy. La saga Alone In The Dark se remonta a muchos años atras al actual, de hecho es considerado el primer Survival Horror en la historia de los videojuegos.
Todo empezo con un investigador Edward Carnby que investigaba una casa donde ocurrian todo tipo de fenómenos paranormales además de la aparición de zombies entre otras cosas. La saga continuo con Alone In The Dark II, Alone in The Dark III ambientada en el oeste y Alone In The Dark New Nightmare. Y ahora en el año 2008 nos llegará el 24 de Junio Alone In The Dark Near Death Investigation para PC, Xbox360, Wii y PS2. La versión de Playstation III llegará unos meses despues pero la espera se recompensará con materiales extras no incluidos en las versiones del resto de consolas.

Destaca también que por ejemplo jugar a la versión de Wii o a la de PS2 será totalmente distinto aunque sea el mismo juego, una opción que da realmente mucha vida al juego.
En este juego tendremos que acompañar al protagonista en sus investigaciones por Central Park donde toda clase de sustos y experiencias nos esperan. El juego por lo visto brilla por si solo con unos graficos y banda sonora impresionantes y una interactividad con el entorno increibles.
Pero como se suele decir más vale una imagen que mil palabras y para ello ya teneís en nuestro Canal Videojuegos de Terror y Nada Más TV, una recopilación de todos los trailers publicados hasta la fecha de este juegazooooo. Te lo vas a perder……






















